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La Realidad de los Problemas de Movilidad

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Por Luis Miguel Martínez Anzures

En la actualidad las grandes metrópolis del mundo sufren problemas de movilidad y concentración de partículas contaminantes en sus límites geográficos. La falta de políticas públicas orientadas a la diversificación de medios de transporte masivo, con altos estándares de calidad, debería ser una prioridad de los gobiernos locales en las grandes metrópolis.

 

La Ciudad de México carece de este ordenamiento de prioridades y tiene problemas de alta concentración de personas en diferentes partes, que siguen colapsando todos los días, la calidad de vida de sus ciudadanos.

En días recientes, en una conferencia de prensa, la organización: “El Poder del Consumidor”, citó varios datos para comprender, en qué lugar se encuentra la Ciudad de México -y el país en general- con relación al contexto global del combate a partículas contaminantes y de movilidad sustentable en su transporte público.

El desarrollo de transporte público eficiente y sustentable, es el camino para enfrentar el cambio climático. México ocupa el lugar catorce entre los países que generan mayores volúmenes de emisiones de dióxido de carbono (CO2), debido a los combustibles fósiles utilizados como principal fuente de abastecimiento energético.

La mencionada organización civil en su documento: “Enfrentando el cambio climático mediante una movilidad eficiente y sustentable”, que busca fungir, como guía para afrontar de mejor manera el problema en el país, dice que las ciudades mexicanas están pensadas para el automóvil, ya que el 81% de los fondos federales destinados al transporte, se invierten en la infraestructura para el automóvil, mientras sólo se dirige el 4% al transporte masivo.

Lo anterior a pesar de que el 36% de los viajes realizados en las ciudades mexicanas se hace en automóvil (casi 4 de cada 10), mientras que en el 60%, se utiliza algún tipo de transporte público.

Una verdadera sinrazón.

Una privatización del espacio público en favor de pequeños segmentos poblacionales.

Un verdadero suicidio ambiental.

Una demostración de atraso en el diseño urbanístico de calidad y sustentabilidad, que debería estar basada en criterios científicos, antes que económicos.

Por otra parte, la irresponsable ejecución de políticas en materia de movilidad urbana ya empieza a generar consecuencias desastrosas para la población de las grandes urbes como la Ciudad de México y otras similares.

En el país, en 12 años se vieron afectadas 2.5 millones de personas por los gases de efecto invernadero.

Especialistas han alertado que, el principal sector culpable de las grandes concentraciones de gases de efecto invernadero, es el de autotransporte, es decir el 23% de las emisiones totales son generadas por este factor.

En otras palabras, México no solamente cuenta con transporte público insuficiente, capaz de satisfacer la alta demanda poblacional y además, este mismo medio, propicia grandes cantidades de contaminantes causantes de enfermedades cardio respiratorias en los mexicanos.

Definitivamente el transporte público en México no da soluciones y al parecer está muy lejos, de que esto cambie.

Entre los principales problemas que genera el excesivo uso del auto, se encuentran: 1) el tránsito vehicular, 2) el abandono del transporte público, 3) la generación de emisiones y, 4) un elevado consumo de combustibles fósiles.

No obstante, podría haber luz al final del túnel.

Dentro de las medidas que los especialistas han sugerido para solucionar el problema planteado se podrían destacar las siguientes:

•Reducir las emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) y mejorar la calidad de aire mediante un transporte sustentable, integrado y de calidad. Esto se lograría, por un lado, dando continuidad con la renovación de flota de transporte público, a través de un esquema profesionalizado y con tecnologías más amigables al medio ambiente. Y por el otro, garantizando infraestructura para la movilidad no motorizada, es decir, con la ejecución de espacios para caminar y andar en bicicleta (distancias cortas o semi-cortas).

En ambos casos se debe planear y contar con un sustento técnico (opinión de especialistas) para su implementación, con el objetivo de brindar seguridad a las personas y se puedan articular con otras opciones de movilidad.

•Establecer una asignación de recursos de inversión federal, por encima de los destinados a infraestructura vehicular, con prioridad a los sistemas de transporte sustentable. Como transporte masivo y semi-masivo (metro, sistemas eléctricos, autobuses de transito rápido, autobuses de servicio rápido y transporte público concesionado con esquema empresarial).

•La promoción del uso de transporte público y los desplazamientos a pie y las infraestructuras para bicicletas serían los cimientos de una nueva cultura de movilidad en el país.

•La creación de financiamiento a regiones con poblaciones menores a 500 mil habitantes destinado a la implementación de sistemas de transporte sustentables y movilidad no motorizada fortalecería en el largo plazo la desintoxicación del medio ambiente nacional.

•Reducir el uso del automóvil mediante la eliminación del subsidio a la gasolina (ya se está implementando); regulación en la política de apertura comercial que facilita el ingreso de vehículos usados (ya se está llevando a cabo); seguro de daños a terceros obligatorio (puesto en marcha parcialmente en algunas ciudades), cargos por congestión; implementación de parquímetros con un estudio técnico (sin simprovisación) e impuesto por la generación de emisiones a las compañías de transporte público.

Como se puede observar, la mayor parte de los problemas de movilidad en este país, atraviesan por cuestiones estructurales, mala planificación y completo desconocimiento de los temas ambientales y tecnológicos. La más preocupante es la falta de profesionalización en el sector gubernamental.

Estamos atrapados en la nata de inmovilidad estructural.

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