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Artículo Invitado

La Nueva Central Obrera: la Política en los Gremios

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*“Napito” Gómez Urrutia, Tiene Escaño y…

*Encomienda: Erigir el Nuevo Sindicalismo

*Cuenta con la Bendición Suprema y Actúa

*Sello de la Casa en Huelgas Tamaulipecas

Por Alejandro Zapata Perogordo

Lo que muchos vaticinaban sobre el retorno del líder sindical Napoleón Gómez Urrutia, después de su exilio en Canadá, al ser candidato de MORENA por la vía plurinominal para ocupar un escaño en la Cámara de Senadores, no era otra cosa sino el dotarlo de una base que le sirviera de plataforma en la encomienda de construir el nuevo sindicalismo mexicano.

“Efecto Avestruz”: El Plan Integral Morelos y las Reacciones de la 4T

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Por Luis Miguel Martínez Anzures

En 2011, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), dio a conocer que el Proyecto Integral Morelos, estaría conformado por dos Centrales de Generación Eléctrica de ciclo combinado, de 620 MW cada una. Dichas centrales consumirían gas natural como energético, por lo que, la planta principal será alimentada mediante un gasoducto.

México y el Reconocimiento Diplomático a Gobiernos

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Por Itzel Toledo García

Existen dos tipos de reconocimiento en las relaciones internacionales: por un lado, el que se otorga a un Estado y, por otro, a un gobierno. México obtuvo reconocimiento como Estado por naciones americanas y europeas en las décadas de los veinte y los treinta del siglo XIX. Sin embargo, ya con el reconocimiento de México como Estado, lo cual implicaba que tenía igualdad jurídica frente a otros, la cuestión del reconocimiento a gobiernos fue un tema importante en el primer siglo de vida independiente, sobre todo para las administraciones mexicanas que surgieron triunfantes tras algún evento drástico que cambió la configuración del país, ya fuese una guerra civil, una intervención, una rebelión o una revolución.

Mensajes y Comentarios de Confrontación

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*El Lenguaje Presidencial Sube de Tono

*Críticas: “Mucho Ruido y Pocas Nueces”

*El Elefante Reumático y la Desesperación

*Fuerza del Estado Contra Fox y Calderón

Por Alejandro Zapata Perogordo

Por lo visto las conferencias mañaneras están sirviendo para enviar mensajes a adversarios políticos, si bien es cierto que mediante ese ejercicio de comunicación fluye información, también lo es que mucha de ella ha sido contradictoria y ahora se utiliza para regañar o dar instrucciones a los gobernadores, como en caso de Michoacán con Silvano Aureoles o confrontarse con el expresidente Felipe Calderón.

Brújula Moral del Nuevo Gobierno: Divorcio y Cambios de Valores

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Por Luis Miguel Martínez Anzures

Las primeras conferencias mañaneras del presidente López Obrador mantienen activa a la opinión pública. Llevamos más de 60 días y contando… el frenético ritmo informativo no cesa. Y no es para menos, el presidente siempre marca agenda en el devenir noticioso cotidiano. En días pasados, la mención del mandatario a un aumento en los divorcios, debido al neoliberalismo, causó reacciones de asombro y algunas rechiflas. Pero el hecho es que el presidente pone agenda y provoca reflexión. Por ello, darse a la tarea de contrastar los dichos presidenciales contra las encuestas hechas en el pasado por instituciones internacionales que expresan algunos datos sobre las actitudes de los mexicanos hacia el divorcio, ha sido una labor bastante útil, en el camino del análisis de estas realidades.

De acuerdo con la Encuesta Mundial de Valores (WVS, por sus siglas en inglés), que se ha realizado en México, desde principios de los años ochenta, se ha revelado que la sociedad mexicana ha cambiado sus puntos de vista, hacia una mayor apertura, en relación a diversos temas sociales como: el aborto, la homosexualidad, el suicidio y el divorcio. Es decir, tenemos una sociedad cuyos ejes rectores de acuerdo a principios ideológicos, pero también morales, han ido modificándose con el paso del tiempo y acentuándose en las generaciones más jóvenes.

Conforme a la herramienta demoscópica, la proporción de mexicanos que creen que el divorcio nunca o casi nunca se justifica bajó de 61%, en 1980, hasta 36%, en 2005, pasando por niveles cercanos a 50% en los años noventa y de 40% en el año 2000. Esta tendencia a la baja rebotó en 2012, al 43%, y ha permanecido estable hasta 2018, con 42%. Podemos apreciar entonces, que la concepción con la que los mexicanos conciben el sentido de la unión en pareja ha cambiado dramáticamente y, de igual forma, la idea de permanencia en la pareja a pesar de cualquier conflicto, ha sido superada en demasía por la sofisticación de la modernidad y sus nuevos desafíos (quizás su liquidez, en términos de Bauman).

Con todo y esta aparente reacción conservadora (la que quizás el presidente trato de rescatar en su discurso), la mayoría de los mexicanos hoy en día ven al divorcio con ojos liberales.

No se mal entiendan mis palabras, no trato de defender ninguna postura ideológica respecto a estos temas, pero si explico ambas posiciones.

Justificar el divorcio no necesariamente es practicarlo, pero la mayor apertura observada en el país sugiere que las presiones sociales y familiares, que pueden fungir como un freno a la práctica, se han aligerado, producto del paso del tiempo y de sus modificaciones en el imaginario colectivo, sobre todo en las grandes metrópolis.

Coincidentemente, el periodo de mediciones de la encuesta es más o menos el mismo al cual López Obrador se refiere como el periodo “neoliberal”.  Es decir, un periodo de 30 años a la fecha. Lo que ha quedado claro, es que quienes han estudiado estos cambios en las actitudes y conductas sociales, atribuyen causalmente esos cambios, no a un modelo económico específico ni a una ideología sino al proceso de cambio estructural y cultural de las sociedades conocido como “modernización”.

Entonces, ¿López Obrador se equivoca? En términos de temporalidad no. En términos de especificidad conceptual, sí.

En el libro Cultural Evolution (Cambridge 2018), el politólogo Ronald Inglehart argumenta de acuerdo a sus palabras que: “en décadas recientes, los valores predominantes de los países altamente desarrollados han cambiado profundamente, transformando las normas culturales que habían persistido por siglos respecto a los roles de género, el aborto, el divorcio, el control de natalidad y las orientaciones sexuales”.

Por lo tanto, al día de hoy sabemos que los valores cambian y las sociedades también, de acuerdo con el presidente fundador de la Encuesta Mundial de Valores. Sin formar parte de esos países “altamente desarrollados”, México no ha estado exento del cambio valorativo, como resultado de la globalización y su mediatización. En el mundo de nuestros días, la información buena o mala se mueve con la misma velocidad. La sociedad mexicana ha cambiado profundamente en su conjunto, pero nos falta entender cómo se han llevado a cabo dichos cambios, por qué razones y con qué alcance poblacional llegarán dichos fenómenos.

Si no invertimos en estudios de esta índole, habremos de perder mucho tiempo en el camino de la elaboración de políticas públicas de alto impacto, para las generaciones venideras.

Ahora bien, el cambio probablemente ha sido asimétrico. Parte de la queja al comentario de López Obrador no fue tanto por la atribución causal que hizo al neoliberalismo, sino porque sonó conservador, poniendo énfasis en valores familiares tradicionales que ya parecen rebasados para un amplio segmento de la sociedad mexicana de acuerdo a la información que ya se ha referido.

Las cifras no mienten y el comportamiento de las personas tampoco. No obstante, como documenta la WVS 2018 en México, el rechazo al divorcio aún es nutrido y es más común entre los mexicanos de mayor edad, de menor escolaridad, más religiosos y que viven en localidades pequeñas.  De esta manera los datos dirían, que el rechazo al divorcio es parte de la cosmovisión de una audiencia que abraza ese tipo de declaraciones tradicionalistas del presidente.

Dicho en otras palabras, la narrativa discursiva de Obrador, atiende a un segmento poblacional que en su mayoría votó por él, sin embargo, no alcanza para tratar de convencer en términos ideológicos y culturales a grandes segmentos de la población que al menos en tópicos como: el aborto, el divorcio, la homosexualidad o el suicidio, son mucho más liberales y sofisticados que el mismo ejecutivo.

El cambio de valores incluye varios aspectos, y por ello es factible que una mayor apertura social en temas como el divorcio, el aborto o el control de la natalidad (todos ellos factores que impactan en la naturaleza y concepto de la familia) también estén relacionados con un mayor empoderamiento femenino. De ser así, antes de buscar algún culpable ideológico único, habría que entender (nuevamente el ejecutivo federal), que el proceso de transformación por el cual México ha pasado y que ha provocado cambios de actitud y conducta, pero también de inclusión y empoderamiento de género, es una etapa de relativa normalidad en cualquier sociedad sofisticada. Lo que podría ser una mala noticia para unos, podría ser buena para otros.

La pregunta necesaria en este sentido sería: ¿para dónde girara la brújula moral del nuevo gobierno? En términos ideológicos se supone estamos en un gobierno progresista, ¿pero en la aplicación de políticas públicas también?

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